Representante de las cocineras michoacanas cuando se otorgó a la gastronomía nacional el distintivo de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

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Nació en 1959 en Angahuan, comunidad enclavada en la meseta purépecha de Michoacán. Creció con su abuela paterna, quien le enseñó todo lo que sabe de cocina y artesanía. Dejó la escuela en el tercer grado de primaria para ayudar en casa.

Antes que cocinera, se formó como artesana. Pero su padre, como guía de turistas, solía invitar a los visitantes a comer a su casa, ya que en la comunidad nadie preparaba comida para vender; así fue como empezó su labor como cocinera.

Tiempo después, joven, viuda y con cinco hijos, hacía de todo para sobrevivir; un día, una señora la detuvo en la calle y le preguntó si sabía quién podía preparar comida para una muestra gastronómica en Uruapan. Por azares del destino ella terminó cocinando para ese evento y resultó todo un éxito. Después comenzaron a invitarla a más festivales locales y fue así como comenzó a trabajar con el equipo promotor de comida tradicional.

En 2005 viajó a París para llevar junto al equipo mexicano una muestra para que la gastronomía nacional fuera considerada Patrimonio de la Humanidad. “Mis cornudas y mis tortillas bicolores fueron el pasaporte para representar a mi país”. Sin embargo, sucedió hasta 2010 que la gastronomía nacional tuvo el distintivo de la UNESCO, y Juana también participó, pero ahora en Nairobi, Kenia.

Actualmente imparte cursos de capacitación a mujeres de su comunidad y región para que la tradición no se pierda. Le gusta enseñar con la práctica, nada de recetas, pues piensa que este conocimiento debe transmitirse de generación en generación.

La cocina tradicional mexicana es muy importante, aparte de que nos otorga identidad como personas, manifiesta la unión de la familia mexicana
Juana Bravo