Conocido por sus amigos como El Loco Herrera, este regiomontano tiene un restaurante llamado El Chef Herrera, con platillos propios basados en la comida mexicana: lo que conoce mejor. 

Además de chef, es escritor y ha sido escultor. Primero tuvo un taller de arte, donde trabajaba réplicas de fósiles y pinturas rupestres. Cocinero autodidacta más tarde, abrió un carrito de tacos llamado El Chef Guevara, que lo catapultaría hasta La Fonda San Francisco, que duró siete años.

Adrián Herrera es todo un personaje. Para unos excéntrico; para otros, exótico; para algunos más, auténtico, creativo, y por qué no… un poco loco para la mayoría.

Él mismo llama al comedor de su restaurante: “El manicomio”. Cocina, pero escribe cuentos, poemas y pensamientos, que para sus lectores no son menos provocativos que sus platillos. Posee una biblioteca gastronómica envidiable, y es admirador de Edgar Allan Poe.

Aunque parecería preferir un bajo perfil como chef de fonda, Adrián Herrera se ha convertido en un personaje famoso. 

¿A qué sabe Monterrey? A comida rápida y carne asada. ¿A qué debería saber? A crear y recrear una cocina que ya está perdida y una cocina nueva. Debería ser una novedad, una potencia, como lo está haciendo ahorita Ensenada
Adrián Herrera